Ya hemos tratado sobre cómo la interpretación que la Iglesia hace de lo oculto se originó primero en una convivencia con lo oculto durante la primera etapa. Así, en un mundo de gran religiosidad y espíritus cotidianos como era el romano, la incipiente Iglesia entendía que Dios estaba en todas partes y, por tanto, en todas ellas había magia. Las invasiones bárbaras que acabaron con el Imperio Romano de Occidente reforzaron esta visión, introduciendo muchas percepciones paganas de lo oculto, rituales desconocidos y nuevas interpretaciones religiosas que hicieron que el ideario religioso se fundamentase en una dispersión de ideas, espíritus y creaciones, todas ellas producto de la acción divina en el mundo.
