Hablar del Club Tate es hablar de una leyenda que pocos han podido confirmar. Localizado en Nueva York, en un edificio clásico cercano a Central Park, el Club es un lugar cuanto menos pintoresco. Hogar, campo de batalla, restaurante... la última planta de este edificio emblemático es todo esto y más para aquellos miembros de la sociedad oculta de Nueva York que han sido invitados formalmente por la Presidenta del Club, Madam du Gaulle. Seguidme esta noche mientras hacemos un tour por las instalaciones, la historia y sus funciones.
Historia:
Hablar del Club Tate es hablar del Círculo Carmesí y de su trágico final. A mediados del siglo XX, un grupo de estudiantes universitarios de Nueva York comenzaron a adentrarse en los misterios de lo oculto y lo que permanece fuera de la vista. Mantendré sus nombres en secreto, por respeto, pero baste decir que eran dos hombres y una mujer trabajando juntos y, como suele ocurrir en estos casos, el amor divide más que une. A principios de los 60 tuvieron el plan de crear un grupo de ocultistas que congregase a todos los especialistas en ciencias ocultas de la Gran Manzana, pero para entonces ya habían surgido las diferencias entre los tres debido a que dos de ellos habían comenzado una relación de pareja. Así, el tercer hombre en discordia simplemente abandonó el plan y la ciudad y, de él, nada más se sabe.
Los otros dos, sin embargo, continuaron con el plan y juntos fundaron el Círculo Carmesí que logró reunir en su interior a la mayor parte de los ocultistas de la ciudad. Sin embargo, pocos años después, ambos murieron en un trágico accidente de tráfico, dejando la organización dividida entre tres facciones con distintas visiones de lo que debería ser el Círculo. Y, a mediados de los 60, ese conflicto fue creciendo hasta que las tres facciones finalmente se enfrentaron y numerosas muertes fueron el resultado de lo que la policía de la época llamó la "Fiebre de la Magia". Al final de la misma, los ocultistas retrocedieron a la soledad y a sus pequeños grupos, recelando uno de los otros.
Hay que avanzar hasta principios de los 90 para encontrar que Lady Flickerton llegó a la conclusión de que había que actuar y terminar con el conflicto. O, al menos, cambiar su naturaleza. Donó su ático en el centro de Nueva York y en él se fundó el Club Tate, cuya única misión era la de servir de terreno neutral donde las distintas facciones, grupos y ocultistas pudiesen dirimir sus diferencias sin recurrir a la fuerza. Pocos años después, Lady Flickerton murió de un ataque al corazón en el hospital y su puesto como Presidenta del Club Tate pasó a Madam du Gaulle, que lo ha ocupado desde entonces.
Las Normas del Club:
En realidad, el club no es realmente tal, en la medida en que no hay que hacerse miembro de ninguna forma. No hay cuota de entrada ni registro de socios, no se hacen asambleas en la que se deciden políticas ni los cargos son abiertos a la participación de la gente. Simplemente, un día Madame du Gaulle se presenta ante el prospectivo nuevo socio y le ofrece visitar el Club. Allí le explicará su función y su regla y, a partir de entonces, esa persona es libre de entrar y usarlo cuando quiera, dentro de su horario.
Así, el Club abre todos los días, de 20:00 a 24:00 horas, y cubre todos los gastos que incurran sus miembros en el interior.
Más allá de eso, el Club sólo tiene una norma: si cualquiera usa la violencia en su interior, todos los presentes se volverán contra él y usarán todos los medios a su disposición para destruirle. Da igual que sean los mejores amigos, se espera que honren el voto que los ata a todos desde el momento que cruzan el umbral hasta que lo abandonan: fuera, pueden hacer lo que quieran, dentro es tierra de nadie para poder buscar salidas diplomáticas.
Las Instalaciones del Club:
Aunque originalmente se trataba del amplio apartamento donde vivía Lady Flickerton, cuando esta donó el ático para fundar el Club Tate este sufrió una amplia remodelación. Y hay que reconocer que ¡menudo ático! Ocupando toda la última planta de este histórico edificio, con un ascensor exclusivo para él, ¡era toda una deseable penthouse! Hoy en día, sin embargo, está dividido básicamente en tres grandes ambientes, conectados por una sala recibidor.
A la derecha de este se encuentra el restaurante, un salón muy amplio con ocho mesas redondas y grandes cubiertas por blancos manteles y vajillas caras de cerámica con cubertería de plata. Una delicia a la vista, que además es lo suficientemente amplio como para dejar bastante espacio entre las mesas y, así, darle cierta intimidad a las conversaciones. Unos amplios ventanales hasta el suelo, con cortinas de raso burdeos, dan a la terraza exterior que, si bien rodea toda la planta y todo el Club, es especialmente ancha en esta zona, de modo que en caso de hacer buen tiempo se disponen en ella unas pocas mesas adicionales (lamentablemente, llovía cuando yo lo visité, de modo que la terraza no estaba siendo usada).
El ambiente que se encuentra frente a la entrada principal es el salón de lectura, ocupado con numerosas mesas bajas, una chimenea y amplios y mullidos sofás. Todo en tonos burdeos y caoba que le dan una calidez especial, máxime cuando la chimenea está encendida como era el caso cuando yo estuve ahí. Un ambiente propicio para las conversaciones y las reflexiones, aunque he de reconocer que cargado de un cierto aura de conflicto y tensión.
A la izquierda se encuentra el aspecto más funcional del Club, con una amplia y bien equipada cocina, así como los baños. Nada realmente destacable.
Si bien numerosos rumores señalarían la existencia de salas secretas para practicar rituales peligrosos o magias prohibidas, mi exploración libre del lugar desmentiría tales afirmaciones. Y el hecho de todo sean espacios amplios y abiertos rodeados por el balcón por todos los lados exteriores dificulta hasta la imposibilidad la ocasión de que un arquitecto pudiese ocultar una sala de unas dimensiones suficientes como para algo así. Pero, en un lugar con la trayectoria del Club Tate, es dificil estar del todo seguros.
El Personal del Club:
El alma del Club es la Presidenta, Madame du Gaulle, una mujer muy mayor y de apariencia distinguida que sabe hacer notar su presencia en la sala en cualquier momento. Es sorprendentemente accesible y honesta para lo que una esperaría de una ocultista, pero la señora es rápida en señalar que ella está lejos de ser una ocultista de gran conocimiento, porque sólo "alguien no amenazante podría mantener unido el club", en sus palabras. Es una maestra en las relaciones públicas, eso no lo puede negar nadie, así como una mujer muy habilidosa a la hora de encontrar a nuevos ocultistas que lleguen a Nueva York y dirigirlos, si sobreviven a los convulsos comienzos, hacia el Club Tate. De su vida raramente habla pero, por lo que he podido recabar, quedó viuda hace una década y, en la actualidad, consagra su vida casi por completo al Club. Suele ir acompañada por su ayudante, Maxim.
Clarence es el mayordomo y camarero que atiende al Club y se encarga de que todo esté óptimo. Es una presencia constante llevando copas o comidas, pero raramente interfiere o participa de las conversaciones. ¡A veces hasta se diría que es mudo! Aunque, ya os adelanto, que no lo es, porque ocasionalmente si que conversa, sobretodo para preguntar qué es lo que los miembros van a tomar.
Jordan es el cocinero, un hombre orondo y fortachón con una gran habilidad para la cocina. Aunque no tiene pinches que le ayuden, es capaz de mantener los fogones listos para mil platos distintos a la vez y que todos estén en su punto cuando lleguen a la mesa. Ah, ¡y hace unos steak tar-tar fabulosos!
El último integrante del Club es el Tesorero pero, lamentablemente, una servidora no pudo conocerlo el día que pude visitar las instalaciones, de modo que permanece como una incógnita para mi.
En Resumen:
Si estás en Nueva York y no conoces el Club Tate es que, probablemente, no eres nadie en la escena ocultista de la ciudad. Y, si vas a conocerlo, prepárate para encontrar el ambiente de una reunión de espías de la Guerra Fría que se encontrasen en un club de caballeros victoriano, ¡elegante como mínimo!
-----Alice Sterling, Occult Variety Monthly nº 102, Noviembre de 2013.



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