sábado, 24 de mayo de 2014

Los Niveles de Profundización en lo Oculto

A menudo, a la hora de hablar de ocultismo, la referencia inevitable es a Nietzsche y su célebre frase: cuando miras al vacío, él te devuelve la mirada. Siglos de investigadores de lo paranormal han constatado que esta sentencia es cierta. Desde el que sólo lee un poco o tiene un escarceo a quienes se han adentrado en sus secretos, la mirada siempre les ha sido devuelta y siempre han regresado cambiados de un modo u otro. El conocimiento es poder, dijo Hobbes, pero se le olvidó decir que ese poder tiene un precio muy elevado.


Fue el célebre divulgador de lo oculto, el australiano Jeremy Tightsong, el que popularizó la metáfora más usada a la hora de explicar el encuentro con lo oculto y lo que ello implica. Es en Introducción al Más Allá cuando, por primera vez, usa la analogía de la laguna.

Imaginemos que estamos ante una laguna cuyas aguas son oscuras y no nos dejan ver el interior. Permanecemos tranquilamente en la orilla haciendo nuestras cosas, sin prestarle atención: tomamos el sol, leemos un libro... lo que sea. Este es el estado de la mayor parte de la humanidad, ajena por completo a los secretos de lo oculto. Algunos los llaman durmientes, otros humanos, otros simplemente no los llaman porque no les importan. 

Ocasionalmente, algunos se habrán sentado más cerca del agua de lo pensado o esta, caprichosamente, se habrá aproximado a ellos. Se mojarán brevemente en el agua y, asustados por su frío, rápidamente se alejarán hacia la seguridad de las zonas secas. Su breve encuentro con lo oculto pronto será achacado a un mal viaje con drogas, a un sueño, o a unos fantasmas si son más crédulos. La mayor parte no volverá a pensar sobre ello, lo racionalizará de algún modo o, como mucho, contará historias a los amigos cuando estén borrachos. A su manera, vuelven voluntariamente a ser durmientes. Casi todo el mundo,  a lo largo de su vida, es rozado por las aguas en algún momento u otro, la mayor parte simplemente lo ignorará.

Existen, sin embargo, unos pocos que, al ser tocados por las aguas, se niegan a darse la vuelta. Ellos quedarán para siempre ya atrapados en el mundo de lo ocultista y comenzarán a indagar y ver qué es eso que han experimentado y que no entienden. Se convierten en sombras, imagenes oscuras y ocultas, sin embargo producto de la luz del mundo de la razón, siendo un peldaño entre ambas escalones. La mayor parte de las sombras serán destruidas en el proceso. Algunas perderán la cordura, otras simplemente se aburrirán y tratarán de regresar lo más cerca de la normalidad que puedan y otras serán destruidas por el mundo ultraterreno.

Unos pocos continuarán el camino, sumergiéndose hasta la mitad del torso, llegando a ser verdaderos ocultistas. En equilibrio entre mantener sus yos y la cordura por un lado, y entender los secretos ultraterrenos por el otro, se convertirán en los estudiosos que sienten los pilares del conocimiento sobre lo que hay más allá de este mundo. Sin embargo, tanta exposición en el agua tiene un precio y sus vidas enteras se verán modificadas inevitablemente por este contacto.

Finalmente, están aquellos que son capaces de sumergirse por completo en las aguas del poder detrás del telón. Son el fruto de las leyendas, aquellos a menudo llamados magos, brujas, hechiceros o taumaturgas. Con sus distintas percepciones del mundo, son capaces de controlar hasta cierto punto las energías del más allá que fluyen por el mundo que nos rodea. Pero el precio es alto, sus vidas enteras se verán cambiadas por el continuo fluir en la laguna y, con ellas, se irá la cordura del magus que, a partir de entonces, será incapaz de ver el mundo de la manera simple y banal como lo percibimos aquellos que nos encontramos más alejados del centro de la laguna. 

Así como hay muchos tocados por las aguas que se dan la vuelta, apenas hay sombras, ocultistas quizás uno en cada millón de habitantes y verdaderos hechiceros... ellos son la más rara de las aves. Quizás, en toda mi vida como ocultista, haya conocido a no más de dos o tres de ellos y sobre uno tengo serias dudas.

----John Harker, Carpe Noctem, 2006, páginas 34-35.

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