Los Principios es la cosmología de los Principalistas, tal como se expone en el Pergamino del Infinito que, se supone, escribió Aleister Crowley. Es una cosmología muy rica y compleja que ha sido expandido durante finales del siglo XIX y principios del XX por los mejores ocultistas de ese grupo.
Según esta visión, al principio de los tiempos no existía Nada, y esa situación duró eones. Sin embargo, en algún momento, esa Nada fue ocupada por las fuerzas opuestas del Caos y el Orden, en eterno conflicto. Sin embargo, ya que únicamente existían ellos dos, el conflicto era irresoluble porque sus fuerzas eran parejas. Su lucha duró eones y, de su batalla, surgió lentamente el Mundo. Sin embargo, debido a que sólo había fuerzas informes, el mundo no se asemejaba a cómo lo conocemos, era una esfera universal en eterno cambio y ordenamiento por zonas.
Eventualmente, al Mundo llegó la Muerte. Y la Muerte vio que era más poderosa que el Orden y el Caos y se situó en el medio del conflicto, rodeando al Mundo con su mordisco. Es importante que la Muerte, para los Principalistas, no es mala en ninguna forma, sino que todo tiene sentido únicamente porque, eventualmente, todo llega a su fin, siendo alcanzado por la Muerte. Así, es una cosmología de la entropía y el cambio eternos.
La Muerte aprovechó su posición central para juntar al Orden y al Caos y sentarlos a negociar en los Salones del Principio. De esta negociación, lo primero que nació fue el Destino, el guardián eterno de las reglas de juego pactadas en ese Salón, dividido en sus tres facetas: el viejo del pasado, la joven dama del presente y el niño del futuro, todos ellos cantando la historia por venir de conflicto. Para que Destino fuese capaz de vigilar las normas acordadas, entre todos crearon a los Cuatro Jinetes (Venganza, Odio, Envidia y Ambición) que contenían en su interior el poder del Orden, el Caos y la Muerte, y vigilarían porque el Destino se cumpliese.
Pero en los Salones del Principio también se acordó otra cosa: la transformación del Mundo. Se construiría un entorno estable (que no ordenado) y se llenaría de seres creados por el Orden y el Caos. En el medio de ellos aparecería el Humano, capaz de ordenar el universo o desordenarlo con sus acciones. El Orden y el Caos lucharían eternamente a partir de entonces por el control del Mundo que, en cierta medida, actuaría como "marcador" de los progresos en el conflicto. Y todo estaría bajo control y supervisión del Destino y bajo la guadaña de la Muerte.
Sin embargo, el mundo era demasiado complejo para manejarse, de modo que el Orden, el Caos y la Muerte se dividieron cada uno de ellos en siete Formas a mayores. Así aparecieron los siete seres blancos de alas y gran belleza que los humanos asocian con Ángeles, materialización del Orden en el Mundo; y por el otro lado, los siete seres mutantes y cambiantes que los mortales asocian con Demonios que mienten y engañan.
La Muerte, por otro lado, la más vinculada con el Mundo, absorbió en su interior los Principios que regirían la vida. Habiendo domeñado el Conflicto, este se convirtió en uno de sus siete Principios. Siendo necesaria para encajar en el Mundo, la Vida también se convirtió en uno de ellos. Tras ello, la Muerte creó a la Mente y a los Sentimientos, que dotarían a los humanos de la capacidad de ordenar y desordenar el mundo según sus voluntades y deseos. Finalmente, creó a la Ciencia y a la Magia, las dos herramientas que los mortales podían usar para configurar el universo a sus intereses.
Y así comenzó la era que conocemos.
La cosmología de los Principalistas deja a los Tres Reinos Mayores (Orden, Caos y Muerte) que compartan espacio con el Reino Medio (el Destino, técnicamente vasallo de la Muerte porque el Destino de todo es, inevitablemente, desaparecer); sin embargo, en su cosmología existen también los Reinos Menores, sin embargo no saben muy bien cómo encajarlos ni dónde. Por un lado está el Reino Elemental (fuego, agua, tierra y aire) que, supuestamente, jugaron un papel importante en la creación del mundo. Por otro está el Reino Feérico (sueños de verano e invierno, pesadillas de verano e invierno), que no saben en qué momento surgió y que se encuentra en creciente debilidad tras la Edad Media.
Estos Reinos plantean un segundo problema al desconocimiento de su origen, y es que se ha asignado normalmente al Reino Elemental una posición de neutralidad, mientras que el Reino Feérico sería vasallo del Caos. De ser así, y teniendo en cuenta que los Reinos Mayores tienen que estar en equilibrio, faltaría por descubrir un último Reino Menor, vasallo del Orden; algunos afirman que este sería el Reino de la Fé, pero la mayor parte están de acuerdo en que la Fé fue en su momento el Principio que ocupaba el lugar que ahora ocupa la Ciencia.
Sea como sea, en la cosmología de los Principalistas, estos Tres Reinos Mayores estarían en eterno conflicto entre si por el destino del Mundo. Según ellos, cada cierto número de años ocurren Guerras Mayores, que suelen coincidir con guerras masivas en el mundo real, que dejan que los Principios, Ángeles y Demonios cobren presencia física en el mundo y se enfrenten entre si buscando inclinar el mundo hacia el Orden o el Caos de modo más definitivo hasta la siguiente guerra. Esta visión consideraba las Guerras Francoprusianas como la última gran Guerra Mayor, pero los pocos Principalistas que quedan han señalado que las Guerras Mayores son cada vez más frecuentes, como demuestran la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Incluso podría ser que Destino haya sido destruido y se haya instaurado la Guerra Permanente, como atestiguaría la Guerra Fría.
En cualquier caso, los Principalistas consideran que esto es lo que rige el universo de la creación y se filtra al Mundo continuamente. Todos los Reinos son seres reales y ultraterrenos, con conciencia de si mismos y del Mundo y con voluntad propia para modificar y condicionar lo que ocurre. Ellos causanlo sobrenatural cuando interfieren con nosotros de modo directo, porque el tejido del Mundo es demasiado débil para sostener el impacto directo de los Reinos. Sin embargo, a través de los téndem de la Magia/Sentimientos y de la Ciencia/Razónse puede llegar a alcanzar y manipular el poder de la Muerte y, con ello, construir un Mundo de mortales, lejos del control de las fuerzas sobrenaturales.
Porque ese sería el objetivo final de los Principalistas, un Mundo donde Orden, Caos y Muerte hayan sido expulsados de sus Guerras e intervenciones directas y sólo queden los mortales, libres de construir su propio camino bajo las estrellas.
-----Alice Burrows, London by Night, 1997, páginas 212-215
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